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¿Por qué los niños son crueles?


¿Alguna vez te has detenido a analizar el comportamiento de los niños? Ya sean tus hijos, sobrinos o hermanitos menores, es sencillo percatarse de que hay un elemento maligno en su comportamiento. No nos malentiendan, no queremos decir que los niños son malos, sino, más bien, inocentes. Y es precisamente esa inocencia, esa carencia de conocimiento que caracteriza su “crueldad”.


Primero, debemos tener en cuenta una verdad indiscutible: los adultos tenemos un código de ética y normas morales que difieren bastante de lo que el niño concibe como bueno o malo. Sabemos que la sociedad es mucho más compleja de lo que nos contaban cuando éramos niños. Precisamente, el ser conscientes de esta complejidad nos permite entender que hubo en nosotros todo un proceso de maduración, que hace que nuestra percepción sobre la vida cambie. Sin embargo, los niños no poseen este conocimiento y ello implica que su comportamiento se vea condicionado por diversas variantes, tanto internas como externas.


Lo cierto es que, para los niños, tanto la solidaridad, la amistad, la honestidad o cualquier otra de esas formas de interacción en las que se toma en cuenta al otro como persona, apenas las están descubriendo y aprendiendo a ponerlas a prueba. Esto se debe a que durante su primer año de vida el niño recién está empezando a descubrir el mundo, y pasa de estar en una etapa de autodescubrimiento a descubrir al otro. Es así que se muestra siempre expectante a las acciones de los demás y esto abarca tanto a los adultos como a otros niños de su entorno. Sin embargo, debido a que se trata de un proceso de transición, constantemente va a querer reafirmarse por lo que, por ejemplo, va a tener dificultad para compartir sus juguetes. Es recién a partir de los 3 años oficialmente que el niño va a intentar incluir al otro en sus actividades y por ende, empezará a realizar juegos colectivos. Es por ello, que en esta etapa el niño empieza a acatar mejor las reglas sociales de convivencia, como lo son el saludar, el pedir por favor o el agradecer.


Todo esto es, a su vez, parte de un proceso de aprendizaje. El desarrollo cognitivo es el proceso por medio del cual el cerebro absorbe la información para “dar un significado” y esto es algo que nuestros cerebros hacen de forma natural. La forma en la que los niños efectúan esto es mediante las experiencias que se basan, principalmente, en la interacción que tiene con su entorno. Esto aplica a todas las edades. Cuando somos bebés, observamos como nuestros padres interactúan con nosotros y en base a estas interacciones adquirimos determinadas conductas que nos posibilitan insertarnos adecuadamente en la sociedad. Y esto concuerda con lo propuesto por el psicólogo Lev Vygotsky, quien manifiesta que los niños aprenden haciendo suyas las actividades, hábitos, vocabulario e ideas de los miembros de la comunidad en la que crecen.


Es entonces aquí donde debemos pararnos a reflexionar sobre la forma en la cual estamos interactuando con nuestros hijos o sobrinos. Si observamos cómo interactúan los niños más grandes, nos daremos cuenta de que dependiendo de cómo son tratados ellos tratan a los demás. Y no solo en casa, el colegio también influye significativamente en su comportamiento y en los momentos en los que deben de afrontar distintas situaciones de la vida. Y claro está, una forma eficaz de medir la influencia de estos entes externos es verlos jugar. ¿Cómo se relacionan con sus amigos? ¿Qué clase de juegos eligen?


Si nos sentamos a ver jugar a los niños, notaremos muchas cosas. Por ejemplo, una vez, un grupo de niños jugaban a uno de estos juegos que se suelen inventar, sin embargo, del grupo de niños, uno quedó parado a un costado, y cuando le preguntaron por qué, dijo que era porque sus amigos le dijeron que era muy lento y que se tenía que quedar parado ahí hasta que ellos terminaran de jugar. Otro caso es el de una niña que se encontraba jugando en el parque. Cuando esta niña ve que su amiga tenía una patineta, se acerca para pedírsela prestada, sin embargo, la expresión que emplea resulta ser poco ortodoxa: “mejor dámela a mí, que tú no sabes cómo usarla”. La falta de escrúpulos con la que se lo dijo puede causar gracia, pero si reflexionamos un poco sobre el trasfondo de su accionar, quizás esa actitud refleja un hecho que ha vivido antes en otro entorno. El famoso “ya quítate, mejor lo hago yo” que nos ha perseguido hasta en la vida adulta, de diversas formas.


Los niños interiorizan la forma en la que ven que interactúa su entorno, y conforme van creciendo y los vamos corrigiendo, van aprendiendo a discernir entre lo que es apropiado y lo que no, y es así que, durante el proceso de maduración, van aprendiendo e interiorizando lo moralmente adecuado (en base al sistema de valores que rige determinada sociedad, claro está). Sin embargo, tal como el último ejemplo ha ayudado a vislumbrar, hay aspectos que calan en nuestra memoria y que los aplicamos estratégicamente, de formas socialmente aceptables, pero que no siempre son la mejor manera de solucionar las cosas. Es por ello que hay que tener en cuenta que, en cuanto al carácter y comportamiento del niño, los padres y el entorno tienen una gran responsabilidad y queda a su cargo que el niño se desempeñe de una forma u otra


Bibliografía:


. Cómo aprenden los Niños. Serie Prácticas Educativas. Stella Vosniadou, Academia Internacional de Educación, 2000.


. Cómo socializan los niños en sus primeros años de vida (s.f). Lysmon Gropu. Recuperado de: https://www.lysmon.com/como-socializan-los-ninos-en-sus-primeros-anos-de-vida/ [17 de mayo del 2021]

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