Programar el fracaso: "La profecía autocumplida"



¿No sucede que, en ocasiones, nos programamos al resultado negativo de una gestión o un proyecto y este, efectivamente, sale “mal”? Frases como “¡ya sabía que iba a fallar!”, “¡ya decía yo que no podía tener tanta suerte!” o “¡ya sabía que al final todo iría mal!” suelen presentarse con frecuencia en estos contextos; sin embargo, ¿realmente podemos predecir que las cosas irán por mal camino?


La profecía autocumplida es un sesgo de percepción, es decir, es una manera distorsionada en la que evaluamos las situaciones de nuestro día a día, en particular aquellos escenarios que nos generan alta intensidad emocional o que están vinculados a experiencias poco favorables del pasado. Tiene este nombre porque presentamos la tendencia a predecir el resultado de ciertos escenarios como particularmente desfavorables, anticipando el “peor” desenlace posible, actuando y sintiendo en relación

a dicho resultado. De esta manera, nos encontramos a nosotros mismos en una situación de alerta constante, atentos a cualquier “indicio” que refuerce nuestra predicción catastrófica –e ignorando todos aquellos que la contradicen- y reforzando, inconscientemente, su ocurrencia.


Uno de los ejemplos más cotidianos es cuando nos preparamos para un examen muy importante y pensamos “¡seguramente voy a jalar!”, “a mí siempre me va mal en los exámenes” o “este profesor me tiene cólera y me va a jalar”. En esos momentos, a raíz de dichos pensamientos, comenzamos a sentir ansiedad e, incluso, angustia y, como consecuencia, resulta más complicado concentrarnos en poder estudiar y procesar la información que estamos revisando. Finalmente, llega el día del examen y, al no haber podido estudiar de la manera adecuada, efectivamente obtengo un resultado poco favorable y pienso nuevamente “ya decía yo que me iba a ir mal, ¡ya sabía!”, fortaleciendo la profecía autocumplida de que “siempre me va mal en los exámenes”.


Seguramente esto nos ha ocurrido en más de una ocasión, ya sea en relación a un examen, una exposición, el resultado de algún proyecto en el que estamos involucrados o, incluso, en nuestras interacciones sociales, en los cuales las expectativas negativas moldean nuestro comportamiento de manera inadvertida, generando en nosotros mayores niveles de emociones poco funcionales, como ansiedad, angustia o miedo, e incrementando la probabilidad de ocurrencia del resultado menos deseado.


¿Cuáles son las consecuencias de tener este sesgo cognitivo?

- Una de las principales consecuencias de este sesgo es la posición de indefensión en la que nos colocamos, pues si “a mí siempre me va mal en los exámenes”, entonces ¿de qué me serviría estudiar?

- Otra consecuencia, vinculada a la anterior, es que nos visualizamos en un rol de víctima vulnerable frente a la “mala suerte” del mundo y del futuro inevitable. Esto se aplica no únicamente a situaciones concretas, sino también se amplía para observarse en la visión que se tiene respecto al desarrollo de nuestra propia vida y expectativas de éxito a largo plazo.

- Finalmente, también se generan limitaciones que nos imponemos de manera interna para enfrentarnos a nuevas situaciones bajo la premisa del fracaso inevitable.



¿Cómo podemos manejar este sesgo cognitivo?


- Diversos estudios sobre el tema señalan la importancia de la autoafirmación para construir una percepción más realista de nosotros mismos y nuestras capacidades.

- Analizar nuestros propios pensamientos. Quizá al inicio sea complicado poder reconocer con exactitud alguno de estos pensamientos, pero poco a poco los iremos reconociendo con mayor facilidad y podremos trabajar para modificarlos.

- Si crees que presentas con mucha frecuencia este tipo de sesgos y consideras que están generando un impacto en tu día a día, no dudes en buscar ayuda profesional.


Referencias Bibliográficas

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