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¿Para qué sirven las emociones?



Las emociones son difíciles de comprender para muchos. El miedo y el enojo por ejemplo, nos llevan a realizar acciones de manera impulsiva, que carecen de relación incluso con nuestra propia personalidad. Como si estuviéramos bajo el efecto de alguna droga. Es por ello que incluso se ha decretado penalmente una ley que permite aminorar una sentencia por asesinato si este se dio bajo los efectos desmesurado de la ira. Si tienen curiosidad sobre este tema, el homicidio por arrebato repentino está debidamente tipificado en el artículo 109 del Código Penal con el contenido siguiente: El que mata a otro bajo imperio de una emoción violenta que las circunstancias hacen excusables, será reprimido con pena privativa de libertad, no menor de tres ni mayor de cinco años. Pero ¿conoces cual es la utilidad que trae consigo este frenesí


Las emociones tienen una base biológica e histórica. Desde los primeros seres humanos hasta la actualidad hemos ido dando forma a todas nuestras emociones para luego adaptarlas a las circunstancias que acaecían en cada época histórica. Es así que su principal uso proviene de la supervivencia, fundamental para nuestra subsistencia en un mundo salvaje. Por ejemplo, el propósito del miedo era la ejecución del escape. ¿Te has preguntado porque cada vez que sientes temor en determinadas circunstancias sientes que tu rostro empalidece? Esto se debe a que la sangre de nuestro rostro se dirige a nuestras piernas para favorecer nuestra huida.


Por su parte, el enojo aumenta el flujo de la sangre a las manos, haciendo más fácil emplearlas para agredir a alguien más. También aumenta el ritmo cardiaco y la adrenalina, lo que facilita realizar acciones que quizá en otras circunstancias nos sería imposibles. La sorpresa se refleja mediante la dinámica de levantar las cejas. Esta acción tiene el propósito de dejar que más luz entre en nuestras retinas, y por ende, más información con la finalidad de poder esclarecer el panorama que se observa. El asco se refleja ladeando el labio superior y frunciendo la nariz con la intención de cubrir las fosas nasales del olor o para expulsar un alimento tóxico.


Al contextualizar estas emociones, es fácil identificar que el propósito de las mismas es inherente a la supervivencia. Huir, pelear, analizar y expulsar un elemento tóxico son reacciones instintivas ante un panorama de peligro. En la actualidad este tipo de circunstancias ya no son tan comunes como en aquellos tiempos, sin embargo, siguen siendo la base de nuestro comportamiento, y en definitiva de nuestra esencia como seres humanos. Es por eso que aprender a gestionarlas es fundamental para tener un óptimo desempeño en la sociedad.


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