Pandemia y Salud Mental en el Perú

Actualizado: 24 mar


La pandemia se acerca a su tercer año de duración, años atípicos y llenos de confusión, incertidumbre y preocupación. Las consecuencias sobre la salud mental en el mundo y específicamente en nuestro país son cada vez mayores, la población enfrentó y sigue enfrentando nuevos desafíos para adaptarse a esta nueva forma de vida. Algunos ejemplos claros son: el confinamiento, el temor constante a contagiarse, pérdidas de familiares y/o amigos, el trabajo desde casa, las clases virtuales, celebraciones por videollamadas, el distanciamiento físico, las noticias de casos confirmados y muertes diarias, entre otros, acostumbrándose a una nueva normalidad. A todo ello debemos agregar las diferentes problemáticas que vivimos como país a nivel político y socioeconómico.


Los estudios que se realizan en el mundo llegan al consenso que los trastornos mentales y los niveles de estrés de la población han aumentado significativamente. En el Perú, según el Ministerio de Salud, el 52.2% de la población sufre estrés moderado a severo causados principalmente por los temas de salud y económicos como consecuencia de la COVID-19. Debemos considerar, además, que muchas personas que ya tenían un diagnóstico psiquiátrico tuvieron un incremento en sus síntomas, lo que ha generado una mayor demanda de atención en los establecimientos de salud, no solo de los pacientes sino también de la familia. Muchos individuos sin diagnósticos psiquiátricos, experimentan niveles elevados de ansiedad y depresión, el confinamiento reduce la comunicación entre las personas, limita actividades como la realización de deportes, compartir entre amigos y familiares y otras actividades de autocuidado que podíamos realizar con anterioridad sin ninguna restricción.


Las personas más vulnerables frente a la COVID-19 y sus consecuencias en la salud mental son los adultos mayores, personas con enfermedades crónicas, niños, adolescentes, personas con algún trastorno mental, y el personal de salud que se enfrenta cara a cara con este enemigo invisible. Es importante mencionar que muchas de las personas que vencieron a la COVID-19 quedaron con secuelas en su salud mental, muchos tienen dificultades para dormir, alimentarse, para manejar su angustia diaria por su temor al contagio nuevamente, cuadros depresivos, entre otros.


Frente a toda esta problemática es importante fomentar el autocuidado de nuestra salud mental, realizar actividad física, higiene del sueño, alimentarnos saludablemente, y practicar diversas actividades que nos generen tranquilidad, si teniendo en cuenta estas recomendaciones no logramos sentirnos bien, tenemos que buscar ayuda profesional, y para ello debemos dejar los estigmas que nos limitan a buscar ayuda oportuna. Es necesario no minimizar los temas de salud mental, estos no mejoran ignorándolos, mejoran con el tratamiento adecuado.

En la actualidad, y aunque pareciera que las cosas de a poco vuelven a la normalidad todavía necesitamos adaptarnos y tener paciencia. En comparación con pandemias anteriores, tenemos el internet y los teléfonos inteligentes, estas tecnologías digitales pueden salvar la distancia social, incluso cuando existen medidas de distanciamiento físico. Recordar que todavía tenemos que cuidarnos y cuidar a los nuestros, recordemos que la salud es física y mental.


No olvides que tus emociones son una expresión de lo que te está sucediendo. ¡Cuídate!

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