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La verdadera razón por la que somos conscientes

  • Foto del escritor: INA
    INA
  • hace 1 día
  • 3 Min. de lectura
La IA revela las huellas invisibles del estrés en el cuerpo

Nadie duraría que sentir placer, sentir dolor, darnos cuenta de que existimos, es producto de nuestra conciencia. Esta capacidad la sentimos como una cualidad humana, pero pocas veces no preguntamos ¿por qué la conciencia existe?


Solemos percibir la conciencia como algo ligado a la reflexión, a la identidad o incluso a la espiritualidad, pero en sus inicios filogenéticos (desarrollo de las especies) tenía funciones más básicas. La conciencia se desarrolla desarrollo primariamente para mantenernos con vida.


En sus primeras formas, la conciencia servía para reaccionar, comportándose como una especie de alarma interna que le decía al cuerpo “esto no está bien” o “esto es peligroso”. Un ejemplo claro es el dolor que cumplió un rol central en ese proceso, constituyéndose en una señal que nos obliga a actuar ante esta sensación tan desagradable, sea mediante una conducta de huida, de defensa o de parálisis. Sin el dolor, muchos organismos no habrían sobrevivido lo suficiente como para aprender.


Con el tiempo, esa respuesta básica se volvió más compleja enriqueciendo la reacción con prestar atención y aprender a distinguir lo importante de lo irrelevante. Imagínate que estás conversando y, de pronto, percibes olor a humo, tu mente deja de escuchar palabras y se enfoca en encontrar el origen del peligro. Esa capacidad de dirigir la atención permitió aprender del entorno, asociar causas y consecuencias y anticipar riesgos futuros.


Más adelante apareció algo aún más complejo, la conciencia de uno mismo, es decir la capacidad de reconocernos, de pensar en lo que sentimos, de recordar el pasado y anticipar el futuro. Pasamos entonces de percibir el mundo que nos rodea a percibirnos dentro de él. Esta forma de conciencia permitió organizarnos socialmente, coordinarnos con otros, entender normas, roles y vínculos, condiciones clave para vivir en grupo.


Siendo la conciencia un sistema de alarma se puede entender que esta capacidad no es exclusivamente humana. Estudios liderados por Gianmarco Maldarelli y Onur Güntürkün, investigadores de la Universidad del Ruhr de Bochum, muestran que las aves parecen tener experiencias internas, ante la presencia de imágenes ambiguas, como figuras que pueden interpretarse de más de una manera. En esta situación experimental, las palomas no responden siempre igual, sino que alternan entre distintas percepciones, en un intento de interpretar las imágenes como la harían los humanos.


En los cuervos, algunas neuronas se activan por lo que el animal percibe conscientemente, no solamente por estímulo. Cuando el estímulo es detectado, esas neuronas responden y cuando no, permanecen en silencio. Es decir, el cerebro refleja la experiencia interna, no solo el mundo externo.


Aunque el cerebro de las aves es muy distinto al nuestro, cumple funciones similares: Integra información, permite decisiones flexibles y muestra señales de autopercepción básica. Algunas especies logran diferenciar su reflejo de otro individuo real y responden según el contexto. Esta conciencia básica es suficiente para interactuar con el entorno y con otros, sin llegar a conciencia reflexiva compleja.


Todo esto nos lleva a la conclusió9n de que la conciencia es una estrategia evolutiva, que fue apareciendo po ¨”capas” , con distintos niveles de complejidad, adaptándose a diferentes especies y cerebros, pero siempre con el mismo objetivo: sobrevivir, aprender y convivir.


Tal vez por eso la conciencia no siempre es cómoda. A veces duele. A veces incomoda. A veces abruma. Pero antes de ser un espacio para la felicidad, fue un sistema de alerta, y en muchos sentidos, todavía lo es.


Fuente del estudio: Universidad del Ruhr de Bochum."¿Por qué existe la consciencia?" . ScienceDaily. ScienceDaily, 15 de diciembre de 2025


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