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Lo que un abrazo le dice a tu cerebro

  • Foto del escritor: INA
    INA
  • hace 14 minutos
  • 3 Min. de lectura
Lo que un abrazo le dice a tu cerebro

No hay duda de que los actos que representan muestras de afecto como un abrazo largo u ofrecer una manta tibia pueden valer más que mil palabras. Muchas veces utilizamos la expresión “calor humano” para referirnos a estas formas de demostrar vínculo afectivo.  En realidad, parte de este bienestar, podría estar evocado por la temperatura corporal que es emanada por quien nos abraza y, sin saber bien por qué, nos hace sentir un poco más seguros, un poco más presentes.


Durante mucho tiempo, la temperatura corporal fue vista solo como una función fisiológica. Algo que regula el frío o el calor para mantenernos vivos. Pero la neurociencia acaba de mostrar que es mucho más que eso. Sentir calor también es una forma de sentirte a ti mismo.


Un nuevo estudio de revisión publicado en Trends in Cognitive Sciences reveló que la termocepción, es decir, la capacidad de percibir los cambios de temperatura en la piel cumple un papel central en la forma en que experimentamos nuestro cuerpo como propio, proporcionando un nuevo elemento de identidad personal. 


El estudio, liderado por la Dra. Laura Crucianelli de la Universidad Queen Mary de Londres y el Dr. Gerardo Salvato de la Universidad de Pavía, analizó décadas de investigaciones en neurociencia y psicología sobre la relación entre la piel y el cerebro, llegando a la conclusión que existe una vía directa de “piel a cerebro” que influye en cómo nos sentimos conectados con nuestro cuerpo, nuestras emociones y nuestra sensación de ser alguien.


Esto no es de extrañar, refieren los investigadores, ya que desde antes de nacer el ser humano percibe el calor intrauterino como un medio de protección. Luego del nacimiento el contacto con el cuidador a través del abrazo y la lactancia, le permiten al cerebro aprender desde muy temprano que el calor significa cuidado y seguridad. Por eso, cuando sentimos calor en la piel, no solo regulamos la temperatura corporal, sino que también se activan circuitos cerebrales relacionados con la calma, la pertenencia y la autoconciencia.


El conocimiento de la fisiología (conocimiento del funcionamiento normal del organismo) humana, lo que ocurre durante un abrazo cálido es muy concreto. El contacto activa fibras táctiles especializadas y vías sensibles a la temperatura que envían información a la corteza insular, una región clave para la interocepción es decir, la capacidad de sentir lo que ocurre dentro de uno mismo. Este proceso se acompaña de la liberación de oxitocina, que reduce el estrés fisiológico y regula las emociones. En concreto, el cuerpo se calma, el cerebro baja la alerta y la persona se siente más integrada con su entorno.


La percepción térmica y su impacto en la salud mental


La revisión también muestra algo importante desde el punto de vista clínico.Las alteraciones en la percepción térmica están asociadas a una sensación alterada de propiedad corporal en diversas condiciones de salud mental y neurológica.


Personas con depresión, trastorno de ansiedad, trastornos relacionados con el trauma, trastornos alimentarios como la anorexia, o que han sufrido accidentes cerebrovasculares, pueden experimentar una desconexión con su propio cuerpo. A veces lo describen como sentirse ajenos a sí mismos, como si estuvieran “alejados de su cuerpo”. En muchos de estos casos, también se observan cambios en cómo perciben el frío y el calor. El cuerpo deja de sentirse como su “hogar”.


A todo esto, se suma, la ya conocida influencia de los cambios climáticos y la exposición prolongada a temperaturas extremas que se asocian a alteraciones del estado de ánimo, el estrés y la conciencia corporal en la vida cotidiana.


Este conocimiento abre nuevas posibilidades terapéuticas, desde intervenciones sensoriales en salud mental, hasta estrategias de rehabilitación neurológica, diseño de prótesis más naturales o nuevas formas de abordar la desconexión corporal en personas que han vivido trauma.


Concluyen los investigadores, que la piel, no solo proporciona calor para regular la temperatura corporal, sino también contacto con el otro, sensación de pertenencia de grupo  e individualidad.


Fuente del estudio: Queen Mary University London. Revisión publicada en Trends in Cognitive Sciences


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