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¿Por qué el cerebro responde mejor al amor después de comer?

  • Foto del escritor: INA
    INA
  • hace 14 horas
  • 3 Min. de lectura
¿Por qué el cerebro responde mejor al amor después de comer?

¿Han escuchado la frase “El amor entra por el estómago”? Hoy las neurociencias no explican por qué esta frase es más que una expresión coloquial.

Un estudio de la Universidad de Drexel encontró que el cerebro de mujeres jóvenes responde con mayor intensidad a señales románticas cuando están saciadas que cuando tienen hambre. Este proceso estaría relacionado a cómo el estado físico del cuerpo modula los circuitos de recompensa en el cerebro.


En la investigación, publicada en la revista Appetite, participaron mujeres universitarias con peso normal. Algunas tenían antecedentes de dietas frecuentes y otras no. A todas se les mostraron imágenes románticas y neutras en dos condiciones distintas: en ayunas y después de haber comido. Mientras observaban las imágenes, su actividad cerebral fue registrada mediante resonancia magnética.


Los resultados mostraron que después de comer, las regiones cerebrales vinculadas a la recompensa se activaban con más fuerza frente a imágenes románticas que cuando las participantes tenían hambre. Esto ocurrió tanto en mujeres con antecedentes de dieta como en aquellas que nunca habían hecho una. Este hallazgo parece contrastar con estudios anteriores que muestran que el hambre suele aumentar la sensibilidad a estímulos gratificantes como la comida o incluso el dinero. Sin embargo, en este caso, el cerebro femenino parecía más disponible para el romance cuando el cuerpo ya estaba satisfecho.


Los investigadores proponen que comer podría sensibilizar al sistema de recompensa hacia estímulos que van más allá de la comida. El circuito cerebral que procesa el placer no distingue de manera estricta entre un pastel de chocolate, una caricia o una imagen romántica debido a que comparte las mimas rutas y comprometen las mismas regiones, por lo tanto sexo, comida y otras recompensas activan áreas comunes en el cerebro.


En estudios anteriores del mismo equipo, se había observado que las mujeres con historial de dietas mostraban una reacción más intensa en regiones de recompensa ante señales de alimentos muy apetecibles cuando estaban alimentadas. Esa sensibilidad parecía mantenerse también al observar señales románticas en una zona específica del cerebro, el patrón de activación era similar al que aparecía frente a alimentos altamente deseables.


Esto abre una pregunta interesante sobre cómo la relación previa con la comida puede influir en la forma en que el cerebro responde a otras recompensas. Las personas que han hecho dieta de manera recurrente podrían tener un sistema de recompensa más reactivo en ciertos contextos debido a que su cerebro procesa las señales placenteras de manera distinta.


Este hallazgo nos dice que cuando tenemos hambre, el cuerpo está orientado a resolver la necesidad básica de obtener energía a través de los alimentos. Una vez satisfecho ese estado, el sistema nervioso puede abrir espacio a otros estímulos que también prometen bienestar, como el vínculo y la intimidad.


El romance está influenciado por el estado biológico del cerebro en un momento determinado y no responde igual cuando el estómago está vacío que cuando ya se siente en calma.


Tal vez por eso, en algunas historias románticas la conexión entre los individuos comienza alrededor de una mesa, ya que un cuerpo satisfecho deja al cerebro más disponible para sentir placer, cercanía y deseo.



Fuente del estudio: Universidad de Drexel. Investigación publicada en la revista Appetite. Autoras principales: Alice Ely y Michael R. Lowe. (14 agosto del 2015)

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