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¿Por qué comer de noche nunca parece suficiente?

  • Foto del escritor: INA
    INA
  • 27 feb
  • 2 Min. de lectura
¿Por qué comer de noche nunca parece suficiente?

Abres la refrigeradora, miras algo dulce y comes un poco, luego la cierras, pero no se va esa sensación de “quiero algo más”. Pensaras, “es que tengo hambre” o “no tengo voluntad”, pero podría tener relación con como tu cerebro responde a la comida cuando cae la noche.


A lo largo del día, nuestro cerebro evalúa los alimentos como experiencias gratificantes, al mirarlos u olerlos recuerda el sabor y el placer de ingerirlos. Una fruta, un postre, una comida caliente activan zonas cerebrales relacionadas con el placer y la recompensa. Esa activación ayuda a que comer se sienta satisfactorio. Pero esta situación no se replica por la noche, porque la res`puesta es otra.


Una investigación realizada por científicos de la Universidad Brigham Young ayuda a entender por qué muchas personas comen más por la noche y, aun así, se sienten menos satisfechas. El estudio mostró que el cerebro no responde igual a la comida en distintos momentos del día, y que durante la noche los circuitos de recompensa se activan con menor intensidad. Especialmente frente a alimentos altos en calorías. Es decir, la comida se vuelve menos gratificante a nivel cerebral, aunque el cuerpo no tenga más hambre que en otros momentos del día.


En consecuencia, como la experiencia no “llena” igual, tendemos a buscar más, porque el cerebro sigue intentando alcanzar esa sensación de satisfacción que durante el día aparece con menos esfuerzo. Por eso muchas personas sienten que comen de noche sin quedar conformes porque la señal del sistema de recompensa está funcionando distinto según la hora. De hecho, aunque las personas no reportan más hambre ni menos saciedad por la noche, sí piensan más en comida. La mente se queda enganchada, como si algo faltara. 


Esto cambia la forma de entender los antojos nocturnos ya que si reconocemos que el cerebro no está ofreciendo la misma recompensa y que seguir buscando en la comida lo que ya no puede dar solo prolonga el ciclo. Entenderlo no elimina el deseo automáticamente, pero sí puede ayudarte a preguntarte algo distinto antes de volver a abrir la refrigeradora: ¿De verdad necesito comer más… o mi cerebro está buscando una satisfacción que ahora mismo no puede encontrar ahí?


Fuente del estudio: Investigación en neurociencia publicada en Brain Imaging and Behavior, realizada por la Universidad Brigham Young (BYU).


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