El impacto silencioso de las pantallas en el cerebro de los niƱos
- INA
- hace 4 horas
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Hay momentos de la infancia que parecen pequeƱos, casi invisibles: un bebé mirando una pantallaĀ mientras un adulto cocina; un dibujo animado que calma el llanto o un video que entretiene mientras pasa el dĆa. Nada parece grave, todo se ve ānaturalā pero el cerebro del niƱo en desarrollo registra el estĆmulo y se imprime una huella, que puede ser inborrable.
Un estudio que siguió a niños durante mÔs de diez años acaba de mostrar algo que vale la pena mirar con conciencia, calma raciocinio y alarma. Los investigadores han encontraron que pasar mucho tiempo frente a pantallas antes de los dos años se asocia, años después, con cambios en la forma en que el cerebro se desarrolla y con mayores niveles de ansiedad en la adolescencia.
Este estudio fue realizado por un equipo liderado por la profesora Tan Ai Peng, del Instituto A*STAR para el Desarrollo Humano y el Potencial, junto con la Universidad Nacional de Singapur. A diferencia de otros trabajos que solo son trasversales y nos dan una foto momentÔnea de la situación, este estudio fue de seguimiento largo y cuidadoso. Los mismos niños fueron evaluados desde la infancia hasta la adolescencia, incluyendo estudios de neuroimagen, pruebas cognitivas y evaluaciones emocionales.
Durante los primeros aƱos de vida, el cerebroĀ estĆ” aprendiendo cómo organizarse. Aprende a esperar, a regularse, a cambiar de foco y a adaptarse, y esto va a depender directamente del vĆnculo con los demĆ”s, a travĆ©s de la voz que le responde y la mirada que comparte, solo serĆan imposible. Es el ritmo de sus cuidadores que le marca pausas y tiempos.
En los niƱos que estuvieron expuestos a mĆ”s pantallasĀ antes de los dos aƱos, los investigadores observaron que ciertas redes cerebralesĀ maduran demasiado rĆ”pido. Las Ć”reas relacionadas con la visión y el control cognitivoĀ se especializaron antes de tiempo, como si el cerebro hubiera sido empujado a procesar estĆmulos intensos sin haber construido todavĆa las conexiones necesarias para integrarlos con calma.
Ese desarrollo acelerado, gĆ©nero que, a los ocho aƱos, estos niƱos tardaban mĆ”s en tomar decisiones en tareas cognitivas. A los trece aƱos, mostraban mĆ”s sĆntomas de ansiedad, debido a que sus cerebros se organizan demasiado pronto alrededor de estĆmulos constantes perdiendo flexibilidad cognitiva, resultando en una menor eficiencia adaptativa.
Lo mĆ”s revelador del estudio es que este efecto no apareció cuando el tiempo de pantalla ocurrió a los tres o cuatro aƱos, sino en los primeros dos aƱos de vida, periodo que en el que el cerebro es sensible a los estimulo generados por el vĆnculo con el otro.
En estudios complementarios, los mismos investigadores encontraron que cuando los padresĀ le leĆan con frecuencia a sus hijos, ese impacto negativo se reducĆa. Al compartir una historia juntos, se consigue en el niƱo una reacción, escucha la voz del padre y se estimula su curiosidad provocando una pregunta, comparte una emoción. Es una experiencia viva, compartida, reguladora que desarrolla el cerebro infantilĀ a travĆ©s de lo que ve, siente, comparte y aprende.
Este estudio nos permite recordarnos que la infancia temprana es un tiempo frƔgil y poderoso a la vez, debido a que todo lo que estimula el cerebro del niƱo, aunque parezca inofensivo, puede moldear en la adultez la manera en que piensa, decide y siente.
En consecuencia, no se trate de eliminar las pantallas, sino de preguntarnos quĆ© lugar ocupan. SĆ reemplazan la presencia de otras personas, llenan silencios que podrĆan ser juego y aparecen antes de que el vĆnculo tenga tiempo de crecer, no serĆ”n saludables para el niƱo.
Porque antes de aprender a tocar una pantalla, un niƱo necesita aprender algo mƔs bƔsico: que hay alguien del otro lado respondiendo.
Fuente del estudio: Investigación longitudinal liderada por Tan Ai Peng y su equipo del Instituto A*STAR para el Desarrollo Humano y el Potencial, en colaboración con la Universidad Nacional de Singapur.





