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Cuando un bebé escucha otro idioma, el cerebro se activa

  • Foto del escritor: INA
    INA
  • hace 2 horas
  • 2 Min. de lectura
Cuando un bebé escucha otro idioma, el cerebro se activa

Muchos padres quisieran que su hijo aprendiera otro idioma desde pequeño, pero en casa solo se habla una lengua. No hay niñera extranjera ni colegio bilingüe y entonces aparece la duda: ¿cuál será la edad correcta para empezar a aprender?, ¿será demasiado pronto?, ¿lo confundiré?, ¿realmente funcionará?

Durante años, la ciencia ha mostrado que crecer con dos idiomas fortalece ciertas habilidades cognitivas como la atención, la flexibilidad mental también, la velocidad para resolver problemas, entre otras. En hogares bilingües esto ocurre casi sin esfuerzo, porque el bebé vive rodeado de ambas lenguas desde el inicio.

Investigadores del Instituto de Aprendizaje y Ciencias del Cerebro de la Universidad de Washington realizaron un estudio para comprender el aprendizaje de idiomas en un hogar monolingüe. Para esto, estudiaron a bebés que no escucha otro idioma en casa y su capacidad de desarrollar habilidades bilingües verdaderas.

El estudio se llevó a cabo en cuatro centros públicos de educación infantil en Madrid. Participaron 280 bebés y niños pequeños de distintos contextos sociales. Algunos recibieron una hora diaria de sesiones de inglés durante 18 semanas. No eran clases tradicionales. Eran espacios de juego, interacción y lenguaje adaptado a la etapa del bebé.

Los tutores utilizaban lo que se conoce como lenguaje dirigido al bebé. Un tono más cálido, frases simples, vocales alargadas, mucha expresión facial y contacto visual. El tipo de habla que surge de forma natural cuando un adulto se inclina hacia un niño pequeño y quiere conectar.

Los bebés que participaron en el programa comenzaron a comprender y producir más palabras y frases en inglés que quienes siguieron el programa habitual. Al finalizar las 18 semanas, producían en promedio 74 palabras o frases en inglés por hora, frente a 13 en el grupo de comparación. Lo más interesante es que el aprendizaje se mantuvo incluso 18 semanas después de haber terminado el programa y su lengua materna siguió creciendo con normalidad. El español no se vio afectado. El cerebro integró el nuevo idioma sin desplazar el primero.

Desde la neurociencia del desarrollo, esto tiene sentido. Entre los 0 y los 3 años el cerebro es especialmente sensible a los sonidos del lenguaje. Es una etapa en la que detecta patrones con enorme facilidad. No aprende reglas gramaticales como lo haría un adulto. Aprende a través de la relación, del ritmo, del vínculo.

Patricia Kuhl, coautora del estudio, lo resume con claridad: el cerebro del bebé es la mejor máquina de aprendizaje que existe. Nunca volverá a ser tan eficiente para incorporar un segundo idioma como en esos primeros años.

Otro dato esperanzador fue que el nivel socioeconómico no marcó diferencias significativas. Los resultados fueron similares en escuelas de barrios de ingresos medios y bajos. Lo determinante no fue la riqueza del entorno, sino la calidad de la interacción. Una hora diaria de juego en un segundo idioma fue suficiente para activar ese proceso.

Parece que, el aprender otra lengua en la infancia no depende únicamente de vivir en un hogar bilingüe o aplicar métodos rígidos o académicos, sino también una exposición 

Fuente del estudio: Universidad de Washington, Instituto de Aprendizaje y Ciencias del Cerebro (I-LABS). Estudio publicado en Mind, Brain, and Education (17 de julio de 2017).


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