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Cuando las pantallas roban el sueño de los niños

  • Foto del escritor: INA
    INA
  • hace 14 horas
  • 2 Min. de lectura
Cuando las pantallas roban el sueño de los niños

Hay una escena que se repite en muchas casas: un niño acostado, la luz apagada y la pantalla todavía encendida. “Solo un video más”, “para que se relaje”, “cinco minutos y ya”. Parece algo pequeño, parte de la rutina, pero en esos minutos el cerebro infantil no se está preparando para dormir, está haciendo lo contrario.

Dormir, en la infancia, es un proceso activo. Mientras el cuerpo descansa, el cerebro organiza lo aprendido, regula emociones y acompaña el crecimiento. Cada noche funciona como un reajuste interno. Cuando ese proceso se interrumpe de forma repetida, los efectos no siempre se notan al día siguiente; se acumulan con el tiempo y empiezan a reflejarse en el ánimo, la atención y el equilibrio emocional.

Una revisión amplia realizada por investigadores de la Universidad de Cardiff, que analizó datos de más de 125 mil niños, encontró un patrón consistente. Los niños que usan dispositivos con pantalla a la hora de acostarse tienen más del doble de riesgo de dormir mal. Duermen menos horas, su sueño es más fragmentado y durante el día presentan mayor somnolencia.

Esto ocurre porque varias cosas se activan al mismo tiempo. La pantalla retrasa la hora de dormir y ese “ya voy” se estira más de lo que parece. La luz altera el ritmo biológico que le indica al cuerpo que es momento de bajar la intensidad. Además, el contenido mantiene al cerebro en alerta justo cuando debería empezar a desacelerar. El sistema nervioso infantil, que todavía está en desarrollo, es especialmente sensible a estos estímulos.

Cuando el sueño pierde calidad, hay cansancio al día siguiente y el niño se torna más irritabilidad, tiene dificultades de atención, hay cambios en el apetito y mayor riesgo de alteraciones emocionales. Es un cerebro que no logra recuperarse como necesita.

Hoy la mayoría de los niños tiene al menos un dispositivo cerca de la camas debido a que vivimos en un entorno hiperconectado donde poner límites puede sentirse cuesta arriba. Aun así, el cerebro infantil sigue necesitando algo muy básico, señales claras de es claras de cierre y apagar la pantalla es una de ellas. Es una forma de decirle al sistema nervioso que el día terminó y que puede soltar.

Esto se puede lograr reemplazando el dispositivo por una rutina sencilla, como una conversación breve, un cuento, una secuencia repetida que aporte seguridad. Con el tiempo, el cerebro aprende a asociar esos gestos con descanso.

Cuidar el sueño infantil es cuidar el desarrollo emocional, la atención y la salud mental futura. Es una necesidad biológica en una etapa donde el cerebro todavía se está construyendo y el sueño tiene un rol fundamental en este proceso.

Fuente del estudio: Universidad de Cardiff. Revisión sistemática sobre el uso de dispositivos multimedia y el sueño infantil (31 de octubre de 2016)

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