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La lectura puede ayudar con el dolor crónico

  • Foto del escritor: INA
    INA
  • hace 8 horas
  • 2 Min. de lectura
La lectura puede ayudar con el dolor crónico

Hay dolores que no se van cuando cierra la herida, dolores que llevan meses, a veces años, viviendo en el cuerpo.

El dolor crónico es una experiencia que termina ocupando espacio en la vicencia y funcionalidad del ser humano. La persona con dolor crónico deja de decir “me duele” y empieza a sentir “soy alguien que vive con dolor”.

La medicina ha trabajado durante años para entender qué ocurre en el sistema nervioso cuando el dolor se vuelve persistente. A veces ya no hay lesión activa, pero el cerebro sigue enviando mensajes de alarma. Como si el interruptor no encontrara el camino de regreso.

En este contexto, la terapia cognitivo conductual se ha utilizado para ayudar a manejar pensamientos y emociones asociados al dolor. Puede ofrecer herramientas útiles, sobre todo a corto plazo. Pero un equipo de investigadores de la Universidad de Liverpool, The Reader y el Royal Liverpool University Hospitals Trust, decidió explorar otra vía: la lectura compartida.

El diseño de este estudio incluyó un grupo pequeño de personas se reunía cada semana, para leer en voz alta un cuento, un fragmento de novela o un poema. Se hacían pausas y se comentaba sobre la actividad, sin forzar a nadie a hacerlo, pero cuando alguien lo hace, no solo comenta el texto sino también relata lo que el texto le provocó.

En el estudio, personas con dolor crónico participaron tanto en un grupo de terapia cognitivo conductual como en un grupo de lectura compartida. Lo que observaron los investigadores fue que en la terapia, el foco estaba a reconocer el dolor y en cómo gestionarlo. En la lectura, el dolor no era el único centro, ya que la lectura abría otras focos que tender: recuerdos de infancia, vínculos, trabajo, pérdidas, deseos, etc. La persona podía verse a sí misma más allá del síntoma.

Debido a que el dolor crónico afecta al cuerpo y reduce el campo de la percepción del mundo, al hablar de una historia completa, no solo de su enfermedad, el cerebro empieza a reorganizar la experiencia.

La lectura compartida ofrece un espacio donde el sufrimiento puede pensarse, nombrarse y ponerse en perspectiva. Donde la emoción deja de ser algo que se soporta en silencio y se convierte en algo que puede compartirse. A veces, leer en grupo no baja la intensidad del dolor de inmediato, pero puede disminuir la soledad que lo acompaña. Entonces, cuando el dolor deja de ser lo único que define la historia, el cuerpo también empieza a sentirse distinto.


Fuente del estudio: Universidad de Liverpool. Estudio publicado en BMJ Journal for Medical Humanities. (1 de marzo del 2017)



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