¿Por qué hablamos de lo que hacen los demás?

Casi todos hemos participado alguna vez en una conversación sobre lo que hizo otra persona. A veces ocurre por curiosidad, otras porque intentamos entender una conducta o compartir una impresión con alguien cercano. Aunque el chisme suele tener una connotación negativa, la psicología social ha estudiado cómo este tipo de conversación puede cumplir ciertas funciones dentro de un grupo.
Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Queensland analizó por qué estas conversaciones aparecen con tanta facilidad en la vida cotidiana. En la investigación, personas que no se conocían entre sí fueron emparejadas y observaron situaciones en las que alguien actuaba de una manera socialmente aceptada o se apartaba de lo esperado, por ejemplo, recogiendo basura del suelo o dejándola tirada. Después, muchos participantes comenzaron a comentar espontáneamente lo que habían visto.
Los investigadores observaron que estas conversaciones ayudaban a los participantes a definir con mayor claridad qué conductas consideraban apropiadas dentro de ese contexto. Al compartir sus impresiones, las personas contrastaban valores y construían una idea más común sobre las normas que organizaban al grupo.
El estudio encontró además que hablar sobre una conducta podía fortalecer la cercanía entre quienes participaban en la conversación. Compartir una interpretación sobre lo ocurrido ayudaba a crear una mirada común sobre el entorno social y sobre aquello que el grupo consideraba aceptable, confiable o preocupante.
Este tipo de intercambio puede aparecer también en contextos más amplios. Cuando varias personas comparten experiencias sobre una conducta que consideran inapropiada, esa conversación puede contribuir a hacer visibles patrones que antes habían pasado desapercibidos y abrir espacios para revisar ciertas normas sociales.
Desde la psicología social, compartir información sobre terceros forma parte de la manera en que las personas aprenden a relacionarse dentro de una comunidad. Estas conversaciones pueden aportar información sobre en quién confiar, qué comportamientos generan preocupación y cuáles son los límites que un grupo considera importantes.
El valor de estas conversaciones depende en gran medida de su contenido y de la intención con la que se comparten. Cuando la información ayuda a comprender una situación, advertir sobre una conducta o aclarar límites, puede cumplir una función útil. Cuando se basa en información poco confiable o termina afectando injustamente a alguien, el impacto puede ser distinto.
El estudio propone mirar estas conversaciones con más atención y menos juicio automático. Hablar sobre lo que hacen otras personas puede influir en la forma en que construimos normas, vínculos y expectativas dentro de un grupo. Por eso, antes de compartir una historia sobre alguien, puede ser útil preguntarnos qué aporta esa conversación y si ayuda realmente a comprender mejor una situación.
Fuente: Peters, K., Jetten, J., Radova, D., & Austin, K. (2017). Gossip about deviance: Evidence that deviance spurs gossip that builds bonds. Psychological Science. Universidad de Queensland.




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