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¿La IA puede reemplazar a un psicólogo?

  • Foto del escritor: INA
    INA
  • hace 2 días
  • 3 min de lectura

Cada vez más jóvenes conversan con herramientas de inteligencia artificial para organizar ideas, estudiar, resolver dudas o simplemente sentirse acompañados. Para muchos estudiantes universitarios, escribirle a una IA puede sentirse más fácil que pedir una cita, llamar a alguien o explicar en voz alta lo que les pasa. Está disponible a cualquier hora, responde rápido y no juzga.


Un estudio liderado por investigadores de Mass General Brigham analizó este fenómeno en estudiantes universitarios de Estados Unidos. A partir de datos del Healthy Minds Study 2024-2025, una encuesta sobre salud mental en población universitaria, el equipo encontró que el 18% de los estudiantes reportó haber usado inteligencia artificial para temas relacionados con su salud mental.


El dato más importante apareció al mirar quiénes usaban más estas herramientas. Los estudiantes con síntomas más severos de depresión, ansiedad o riesgo suicida tenían aproximadamente el doble de probabilidad de recurrir a la inteligencia artificial para buscar apoyo emocional. Es decir, quienes se encontraban en situaciones de mayor vulnerabilidad eran también quienes más acudían a sistemas que no siempre fueron diseñados para brindar atención clínica.


Esto abre una pregunta delicada. Para un joven que se siente mal, la inteligencia artificial puede parecer un espacio seguro porque está siempre disponible, no interrumpe, no rechaza y suele responder con validación. En un momento de angustia, esa disponibilidad puede sentirse como alivio. El problema aparece cuando ese intercambio empieza a reemplazar el contacto con una persona preparada para acompañar una crisis, como un psicólogo, un psiquiatra, un orientador universitario o una línea de ayuda.


La Dra. Cindy H. Liu, autora principal del estudio y directora del Developmental Risk and Cultural Resilience Laboratory, explicó que los estudiantes que más se sienten atraídos por la inteligencia artificial para hablar de salud mental también podrían ser los más expuestos a sus riesgos. Muchas de estas herramientas pueden ofrecer respuestas útiles en situaciones leves, pero no tienen la responsabilidad clínica, la lectura humana ni la capacidad de seguimiento que exige una situación compleja.


El estudio también encontró que los estudiantes asiáticos tenían aproximadamente el doble de probabilidades de usar inteligencia artificial para temas de salud mental en comparación con otros grupos. Este hallazgo debe interpretarse con cuidado, porque hay diversas razones por las cuales los estudiantes asiáticos usan estas herramientas. Pero, sí sugiere que factores como el estigma, la privacidad, las barreras culturales o la dificultad para acceder a ayuda formal pueden influir en la búsqueda de alternativas más anónimas.


Desde una mirada clínica, la inteligencia artificial puede ser usada por algunas personas para ordenar lo que sienten, preparar una conversación difícil o encontrar palabras para pedir ayuda, sin embargo, cuando hay depresión intensa, ansiedad severa, ideas de hacerse daño o sensación de no poder más, el acompañamiento humano sigue siendo necesario.


La diferencia está en entender qué lugar ocupa la herramienta. La inteligencia artificial puede responder, pero no puede mirar a una persona completa. No conoce su historia clínica, no observa cambios en su conducta, no puede sostener una red de apoyo ni actuar con la misma responsabilidad que un profesional de salud mental. En momentos de crisis, esa diferencia importa.


Por eso, los autores del estudio proponen que las plataformas de inteligencia artificial incorporen mecanismos claros para detectar señales de crisis y orientar a la persona hacia ayuda humana inmediata. También señalan que las universidades no deberían ignorar este uso ni limitarse a prohibirlo. Si los estudiantes están recurriendo a la inteligencia artificial, es necesario entender por qué lo hacen, qué necesidades no están siendo cubiertas y cómo facilitar el acceso a apoyo real.


Este hallazgo deja una idea importante para familias, instituciones y profesionales: cuando un joven busca ayuda en una herramienta digital, podría estar intentando encontrar una puerta de entrada menos intimidante que acudir a un profesional de la salud mental.  La tarea no es juzgar ese primer intento, sino construir caminos más seguros para que, cuando el malestar sea profundo, no tenga que atravesarlo solo ni depender únicamente de una respuesta automática.


Fuente científica: Mass General Brigham y Brigham and Women’s Hospital (Junio 15 / 2026). Estudio sobre predictores clínicos y sociodemográficos del uso de inteligencia artificial para salud mental en estudiantes universitarios, basado en datos del Healthy Minds Study 2024-2025 y publicado en Journal of Affective Disorders.


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