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¿El trauma infantil puede dejar una huella de agresión en el cerebro?

  • Foto del escritor: INA
    INA
  • 12 sept 2025
  • 2 Min. de lectura
¿El trauma infantil puede dejar una huella de agresión en el cerebro?

¿Puede una experiencia dolorosa en la infancia reconfigurar el cerebro para que la agresividad nos acompañe toda la vida?

Muchas veces, cuando hablamos de agresividad, pensamos en un problema de conducta. Pero la ciencia está mostrando que también puede ser un problema cerebral. Según un estudio del Instituto de Investigación Biomédica Fralin en Virginia Tech, el trauma infantil puede alterar los circuitos que regulan la atención, las emociones y el control de impulsos, aumentando el riesgo de agresión impulsiva en la adultez.

El centro del problema está en una región poco conocida

El estudio se centra en una estructura del cerebro llamada núcleo talámico reuniens, una especie de “puente” que conecta el hipocampo (memoria y emociones) con la corteza prefrontal (decisiones y autocontrol).

Esta región parece ser clave para entender cómo una experiencia traumática temprana puede alterar la forma en la que el cerebro regula la agresión.

Los hallazgos de la Dra. Sora Shin, neurocientífica del Instituto de Investigación Biomédica Fralin en Virginia Tech, van más allá del comportamiento visible. En modelos con ratones, se observó que cuando hay trauma temprano, las neuronas de este circuito muestran cambios duraderos: los animales se vuelven más impulsivos, agresivos y con menor capacidad de concentración.

Y lo más revelador es que esos cambios no se deben a un rasgo de personalidad, sino a una alteración fisiológica en la forma en que el cerebro funciona.

Para llegar a estos hallazgos, el equipo utilizó herramientas de última generación como edición genética CRISPR, optogenética (manipulación de neuronas con luz) y grabaciones cerebrales en tiempo real. Esto les permitió observar con precisión cómo el trauma altera los circuitos cerebrales responsables del autocontrol.

Entender estos mecanismos no sólo cambia nuestra percepción de la agresión, también abre la puerta a tratamientos dirigidos. Si sabemos qué regiones se ven afectadas y cómo se alteran, podemos diseñar terapias que ayuden a reducir el impacto del trauma y prevenir consecuencias como la agresión patológica.

El estudio invita a dejar de ver la agresión impulsiva como un problema de carácter o voluntad, y comenzar a entenderla como una manifestación de un sistema cerebral dañado por experiencias adversas.

Detrás de muchas conductas agresivas puede haber una historia de dolor que el cerebro no ha logrado procesar del todo. Y entender eso es un paso fundamental para ofrecer ayuda real.


Leigh Anne Kelley. Early life trauma may rewire the brain for a lifetime of aggression.


 Virginia Tech – Instituto de Investigación Biomédica Fralin. Neuroscience News, 26 de julio de 2025

4 comentarios



baba ka
12 nov 2025

Parece que el estudio muestra que un "trauma infantil" puede realmente cambiar el cerebro. Igual, ojalá tuviera un "Dog Escape " mental para escapar de los recuerdos malos, ¿no?

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Todd McCormick
31 oct 2025

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Eric Au
21 oct 2025

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