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Cuando el segundo hijo cambia tu manera de dormir

  • Foto del escritor: INA
    INA
  • hace 12 horas
  • 2 Min. de lectura
Cuando el segundo hijo cambia tu manera de dormir

Hay algo que muchas madres notan cuando llega el segundo hijo, pero no siempre saben cómo explicarlo. No necesariamente duermen menos horas. Sin embargo, se levantan más cansadas. El descanso se siente más liviano, más interrumpido, como si nunca terminaran de soltarse del todo.


Durante años pensamos que el problema del sueño en la maternidad era únicamente la cantidad: dormir poco, acumular cansancio, adaptarse. Pero una investigación realizada en la Universidad McGill y publicada en el Journal of Sleep Research observó algo más fino. La diferencia no siempre está en cuántas horas se duerme, sino en cómo se duerme. El estudio siguió durante dos semanas a 111 padres, entre ellos 54 parejas y tres madres de familias monoparentales, y encontró que las madres con más de un hijo percibían su descanso como más fragmentado que las madres primerizas. Las horas totales no cambiaban demasiado. Lo que cambiaba era la continuidad, y ese detalle hace una diferencia real.


Cuando el sueño se interrumpe varias veces, aunque en total se acumulen suficientes horas, el cuerpo no llega a recuperarse igual. Esa sensación de haber dormido pero no haber descansado tiene una base concreta. El cuerpo estuvo en la cama, pero no logró desconectarse por completo. Lo interesante es que el número de hijos no pareció afectar de la misma manera a los padres. La diferencia apareció sobre todo en las madres, y la profesora Marie-Hélène Pennestri, quien supervisó el estudio, plantea que pueden influir varios factores: una mayor sensibilidad a los despertares, una carga mental que sigue activa incluso de noche o una distribución desigual del cuidado nocturno.


Quienes ya tienen más de un hijo saben que no solo se trata del bebé que despierta. También está el hijo mayor que llama, las rutinas que empiezan temprano, la sensación de estar siempre un poco alerta, como si el cuerpo no terminara de bajar la guardia. Con el tiempo, esa fragmentación se siente en el ánimo, en la paciencia, en la energía para conectar con otros. No es algo inmediato ni evidente. Es sutil y progresivo, y muchas veces pasa desapercibido hasta que el cansancio se acumula.


Los investigadores sugieren que los profesionales de salud podrían acompañar mejor a las familias ayudando a que las tareas de cuidado se repartan de forma más equilibrada, tanto de día como de noche, adaptadas a cada realidad. No como una regla rígida, sino como una conversación necesaria que muchas veces no se tiene.


Tal vez el segundo hijo no quite necesariamente más horas de sueño. Pero sí puede cambiar la forma en que ese sueño se vive. Y cuando el descanso pierde continuidad, el cuerpo lo sabe, incluso si el reloj dice lo contrario.


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