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El vínculo entre perros y humanos también está escrito en el cerebro

  • Foto del escritor: INA
    INA
  • hace 2 horas
  • 3 min de lectura

Hay vínculos que cuesta explicar del todo. Un perro que espera en la puerta, una mirada que calma o una compañía que parece entender sin palabras forman parte de una relación muy antigua entre humanos y animales. Los perros fueron los primeros animales en convivir con nuestra especie, mucho antes de que existieran las ciudades o la escritura, y desde entonces han compartido con nosotros entornos, rutinas y formas de responder emocionalmente al mundo. 


Algunos perros viven con una inquietud constante. Se sobresaltan con facilidad, les cuesta relajarse y permanecen en alerta incluso cuando no hay un peligro evidente. Para quienes conviven con ellos, esas conductas pueden resultar familiares porque recuerdan ciertos patrones que también aparecen en los seres humanos, como la ansiedad, la hipervigilancia o la dificultad para regular la calma. La comparación debe hacerse con cuidado, pero esas similitudes han abierto una línea de investigación importante. 


Investigadores en genética y comportamiento animal de la Universidad de Massachusetts, liderados por la genetista Elinor Karlsson, comenzaron a estudiar de forma sistemática cómo ciertos rasgos conductuales en perros podían compartir bases biológicas con trastornos humanos. De ese trabajo surgió el proyecto Darwin’s Dogs, una iniciativa de ciencia ciudadana que combina información conductual detallada con análisis genéticos a gran escala.


Los hallazgos indican que los perros comparten con los humanos ciertas vulnerabilidades neurológicas. La ansiedad, el trastorno obsesivo compulsivo, algunas formas de epilepsia y alteraciones del sueño aparecen en ambas especies con mecanismos que pueden tener puntos en común. Esto no significa que los perros vivan estas condiciones de la misma manera que una persona, pero sí permite estudiar rutas biológicas que ayudan a comprender mejor ciertos procesos del sistema nervioso


Parte de esta conexión está en la historia evolutiva. Durante muchas generaciones, los humanos seleccionaron a los perros por conductas específicas como perseguir, pastorear, recuperar objetos o seguir olores. Al favorecer ciertos comportamientos, también se fueron seleccionando características del sistema nervioso y del cerebro. Estos procesos dejaron huellas en el ADN, conocidas como firmas de selección, que hoy pueden rastrearse mediante estudios genéticos. 


Cuando un rasgo conductual se selecciona de forma intensa, el sistema nervioso se adapta para sostenerlo. Esas adaptaciones pueden ser útiles en ciertos contextos, pero también pueden aumentar la vulnerabilidad a desregulaciones emocionales o neurológicas.


Para comprender mejor estas conexiones, el equipo de Karlsson analizó muestras de saliva de miles de perros junto con cuestionarios detallados sobre su comportamiento cotidiano. En este contexto, la saliva canina no es solo una muestra biológica, es una puerta de entrada para entender cómo pequeñas variaciones genéticas se relacionan con conductas complejas como la impulsividad, la hipervigilancia, la sociabilidad o el juego.


Estudiar estos patrones en perros tiene una ventaja clave. Sus poblaciones, especialmente las razas, permiten detectar con mayor claridad ciertos efectos genéticos que en humanos aparecen más diluidos. Gracias a investigaciones de este tipo, por ejemplo, se logró identificar la mutación responsable de la narcolepsia en perros, un hallazgo que abrió nuevas líneas de comprensión y tratamiento en personas.


Desde la neurociencia, los perros pueden entenderse como compañeros evolutivos que ayudan a observar procesos biológicos compartidos. Comprender cómo una variación genética influye en la conducta de un perro puede aportar información sobre rutas neuronales implicadas en trastornos humanos complejos, especialmente cuando se estudian con cuidado las diferencias entre especies y el contexto en que aparece cada conducta.


Esta línea de investigación permite reconocer que convivimos con una especie que ha recorrido junto a nosotros una parte importante de la historia evolutiva, adaptándose a nuestros entornos y mostrando, en su propia biología, algunas claves sobre la regulación emocional, la conducta social y la vulnerabilidad neurológica.


Fuente: Karlsson, E. . (2 de diciembre de 2015) Darwin’s Dogs and the genetics of canine behavior.Universidad de Massachusetts.


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